En Entrevistas

Por Karina Sainz Borgo para Zenda Libros

“Soy hija de un marino”, dice. Son las siete de la tarde en el lobby de hotel de una ciudad sin mar. Dolores Redondo, que acaba de bajar de un tren procedente de Navarra, viste tacones negros del estilo tip-toe. Camina como si atravesara la Gran Vía trepada sobre largas copas de champán. Camina con la seguridad de quienes parecen dueños de una vida ganada a pulso, una en la que cada surco sobre la piel hace lo que los libros bien escritos: conferir galones. Capitana y contramaestre de sí misma, así avanza esta mujer que creció junto a un mar que olía a combustible. Un mar del que no todos regresaban vivos.

Cuando publicó la primera novela de su aclamada Trilogía del Baztán, Dolores Redondo (San Sebastián, 1969) tenía poco más de 40 años. No era su primer intento; ya entonces atesoraba una decena de manuscritos y en 2009 había publicado Los privilegios, una novela hoy descatalogada. Sentada en un sofá blanco, Dolores repasa aquellos intentos. Lo hace con la destreza de los púgiles –al hablar es directa, lectora ejemplar de Norman Mailer–. Comenzó a escribir con conciencia de autor incluso antes de los 18. Lo recuerda por el Premio Ciudad de San Sebastián de Cuento. “Había que tener  dieciocho para presentarse”. Ella sólo esperaba una cosa: cumplirlos para poder participar.

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